domingo, 11 de noviembre de 2007

Más visitas al Pabellón...

Sábado 10 de noviembre, 14 y 30 en la terminal Río Branco y un sábado más de regalo al Pabellón, esperaba a 2 personas que no conocía pero ya me gustaban, iban a compartir unas horas de sus vidas con las muchachas de Canelones.
Ella, Carina Infantozzi, escribe cuentos, estudia Filosofía; él, Horacio Bernardo, escritor, 2 novelas en su haber (Libres y esclavos; El hombre perdido) y licenciado en Filosofía.
Y arrancamos. No pudimos hablar mucho en el camino y eso hasta fue bueno, llegamos al Pabellón y nos estaban esperando... dormidas como siempre!!!!, rapidito se levantaron y se juntaron en el taller, que es biblioteca, que es salón de visitas, que es todo lo que tienen como espacio para recibir.
Café, mate y galletitas y comenzó la charla.
Y esta parte la voy a dejar para publicar las apreciaciones que ellos tengan de lo que fue esa tarde en Canelones, en una cárcel de mujeres, de esas mujeres.
Yo solo quiero contar un detalle que observé de aquellas muchachas que siempre miran de afuera pero nunca intervienen, quizás no parezca interesante ni la gran cosa. Porque no estás vos ahí!!
Mientras Horacio hablaba con unas muchachas y Carina con otras yo miraba hacia la puerta y las caras de las que se acercan y se van. Esta vez pasé observando a las tres chicas que jugaban al Mario en la computadora. En un momento una de ellas tomó de la mesa la novela que Horacio regalaba a la biblioteca del Pabellón cuando ví que se acercó el libro a la cara, cerró los ojos, lo olió, pasó las hojas haciendo vientito contra ella y dibujaba una sonrisa silenciosa y profunda, le pasó el libro a sus compañeras de juegos que reptieron el acto casi místico y sagrado y las tres reaccionaron igual, solo mostrando vergüenza y respeto cuando vieron que las estaba mirando.
¿Por qué lo hicieron?, ¿verdad que está lindo preguntarse por qué y hallar las respuestas dentro de nuestras corazones?

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